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martes, 5 de octubre de 2010
jueves, 15 de julio de 2010
domingo, 11 de julio de 2010
Alzo sonrisas al viento.

Ojeras maquilladas,
cansancio sobre los hombros,
escaleras de caracol y pisar el mundo
con tu memoria fotográfica entre mis dedos.
Un fresco que abriga mi piel,
un olor que llama a mi apetito,
y tú, alma que persigue a mis pies.
Caminar sin tener respuesta,
ver con la ignorancia por delante
sonreír, sin motivo, sin temor,
sonreír porque te tengo aquí.
Pasan los días, horas y minutos
y te siento tan cerca como el primer día.
No hay montaña que me impida verte,
no hay marea que me impida navegar
hasta el flujo de tu corazón,
no hay viento que me impida
alzar mi cometa al cielo
para decirte: “Amore, estoy aquí”
miércoles, 2 de junio de 2010
Todo viene y va.

Las nuevas tecnologías invaden nuestro día a día y hoy curiosamente, me di cuenta de cómo escasea la comunicación por carta. Nos dejamos influencias por la novedad, y queremos la máxima comodidad.
Mientras escribía hoy una carta, vi como cada palabra es un sello tuyo, como al deslizar el bolígrafo dejas parte de ti, es mas carnal, es más humano que mandar un e-mail, tecleamos botones, dejas que tus dedos se deslicen en un teclado, pero en cambio, sobre el papel te deslizas tu mismo, nadie hará como tu ninguna letra, es tu toque personal, tu esencia.
Me asusta pensar en las generaciones siguientes, ¿no tendrán ni teclado? Con tan solo pensarlo, el ordenador ya lo escribe? ¿Nos insertarán un chip en la mente? Estamos dejando de lado lo carnal.
Yo creo, que aún siento ese calor en la cercanía, ese calor en tus letras, en tus palabras y en tus pensamientos, me adentro en ti sin temor alguno, sé que soy bienvenida, sé que me cuidarás allá donde este, se que te tengo y me tienes, sé que no te olvido ni me olvidas. Mi regalo, tu sonrisa, mi te quiero siempre hoy.
Quisiera escribir en ti cada caricia que mis manos desprenden, escribir en ti los besos que mis labios ruegan cada mañana tenerte, escribir la eternidad de mi deseo, escribir la belleza de tus ojos en mi vientre, escribir tu desenfreno en mi locura, escribirte el verbo saciar una y mil veces.
jueves, 1 de abril de 2010
Al final todo llega (IV)
Capítulo 1 (I)
Perturbas hasta el flujo de mi sangre (II)
La realidad que mis manos quieren tocar (III)
Al final todo llega (IV):
La vida lleva un ritmo a su antojo, las agujas del reloj siguen corriendo aunque a ti se te hayan acabado las pilas en aquel cajón olvidado. Pero aun así, cada uno de nosotros debemos hacer el esfuerzo por adaptarnos a ese ritmo, y hacer de lo cotidiano algo no rutinario.
Me había quedado dormida, y ahora tan solo queda en mi alguna visión difusa de lo que había sido mi sueño, lo sé, era él. Ante todo humano, y por entero un hombre, capaz de clasificar a aquellos que conoce, adentrarse en su mente, y fabricar melódicamente conversaciones que difícil es poder escaparte de ellas, siempre hoy es el mayor producto obtenido de ellas, pero aun más difícil es poder escapar de su brazos, ahora yo tan solo espero que llegue el momento para que él se tome la libertad de coronarme.
Saturno, mi Saturno, como el desván para una casa, como un nido para un árbol, como un juguete para una niña, como tu mirada en mi mente. Intensa y fugaz, así es.
Es cuando me ausento, cuando te encuentro, es cuando mis oídos saborean tu nombre, que mi temperatura corporal llega a umbrales infinitos, es cuando mis manos acarician las sonrisas que dejaste clavadas en la memoria, es cuando mi cuerpo grita desesperadamente al viento que me guie hacia Saturno, es cuando dejas palabras impresas y las cuerdas de mi guitarra les da armonía, es cuando mis piernas tiemblan al sentir que estas cerca, es cuando creas senderos de agua por mi ombligo, es cuando bebo los susurros que dejas caer en mí, es cuando siento que todo es nada y nada es todo, es cuando veo que mis labios se funden porque la temperatura así lo requiere, cuando el viento me guía y encuentro en Saturno tus sonrisas, tus susurros.
Te encuentro.
Quiero empacharme de ti, que seas el agua que emana de mí, que seas cada lágrima que mis ojos desprenden cada vez que el frío provoca tu ausencia, quiero que seas el horizonte de cada uno de mis amaneceres, que seas las sabanas que arropan mi cuerpo, que seas la sonrisa de todos mis acordes, que seas los labios que ahuyenten a la sequía, quiero que seas mi veleta cada mañana.
Pienso. Rectifico, Te Pienso.
Los días llegan, y así es como me doy cuenta de que cuando algo quieres, lo consigues, todo está en ti, y en confiar en la otra persona, todo está en quererte como yo lo hago.
A veces, vemos que ciertas cosas son imposibles, que nunca llegarás a alcanzarlas, pero primero hay que proponérselo, y tener fuerzas para no desistir, tener fuerzas para querer conseguir lo que te despierta cada mañana.
Y así es, nunca perdí la mas mínima esperanza, a pesar de ver como corrían frente a mí las agujas del reloj, al ver como pasaban los días, y la distancia seguía en pie, al ver que tu boca estaba lejos de la mía, al ver que mi piel te llamaba pero no te tenía, al ver… que te deseaba.
El tiempo se dilataba en mi mente, mi noción perdía la brújula que dejaste aquel día, pero el Sol siempre vuelve a salir, y siempre te ayuda a seguir. Rayos que sobre mi incidís, evaporar todo mi aroma porque él está dispuesto a darlo todo.
Es muy fácil decir a alguien esperar, es muy fácil prometer, pero no es tan fácil, saber que esa persona sigue ahí junto a ti en la distancia, no dejé de confiar, eso me ayudó.
Llegó el primer día.
Así es, tarde o temprano, cada uno esta donde le corresponde, yo en un abrir y cerrar de ojos, me encontraba a escasos metros de aquel hombre, ese hombre que me hacia presa cada noche, ese hombre que aturde a mi ser, ese hombre que siente mi deseo, que huele mi pasión, ese hombre que lucha contra la desesperanza, ese hombre que nunca se rindió, que nunca soltó mi mano.
Mis piernas temblaban, sabían que iban a tenerle cerca, mi barriga no podía digerir comida, mi boca estaba seca, mis nervios tenían miedo de mí. Las agujas pronto marcarían la hora, esa hora que tanto ansié.
Miles de imágenes difusas pasaban frente a mí de cómo sería exactamente ese momento en que me plantara frente a su cuerpo. Sentía una pizca de miedo, mi pasado siempre está presente, pero aún así, confiaba en él.
El momento se hizo de rogar, pero allí estaba, venía con paso decidido y firme, rostro tímido escondido tras unas gafas de sol oscuras, no podíamos evitar una sonrisa, no se podía evitar.
Mi mano se posó en su costado, y un par de besos en las mejillas tímidos y escondidos fueron el saludo, era él.
Continuará...
Perturbas hasta el flujo de mi sangre (II)
La realidad que mis manos quieren tocar (III)
Al final todo llega (IV):
La vida lleva un ritmo a su antojo, las agujas del reloj siguen corriendo aunque a ti se te hayan acabado las pilas en aquel cajón olvidado. Pero aun así, cada uno de nosotros debemos hacer el esfuerzo por adaptarnos a ese ritmo, y hacer de lo cotidiano algo no rutinario.
Me había quedado dormida, y ahora tan solo queda en mi alguna visión difusa de lo que había sido mi sueño, lo sé, era él. Ante todo humano, y por entero un hombre, capaz de clasificar a aquellos que conoce, adentrarse en su mente, y fabricar melódicamente conversaciones que difícil es poder escaparte de ellas, siempre hoy es el mayor producto obtenido de ellas, pero aun más difícil es poder escapar de su brazos, ahora yo tan solo espero que llegue el momento para que él se tome la libertad de coronarme.
Saturno, mi Saturno, como el desván para una casa, como un nido para un árbol, como un juguete para una niña, como tu mirada en mi mente. Intensa y fugaz, así es.
Es cuando me ausento, cuando te encuentro, es cuando mis oídos saborean tu nombre, que mi temperatura corporal llega a umbrales infinitos, es cuando mis manos acarician las sonrisas que dejaste clavadas en la memoria, es cuando mi cuerpo grita desesperadamente al viento que me guie hacia Saturno, es cuando dejas palabras impresas y las cuerdas de mi guitarra les da armonía, es cuando mis piernas tiemblan al sentir que estas cerca, es cuando creas senderos de agua por mi ombligo, es cuando bebo los susurros que dejas caer en mí, es cuando siento que todo es nada y nada es todo, es cuando veo que mis labios se funden porque la temperatura así lo requiere, cuando el viento me guía y encuentro en Saturno tus sonrisas, tus susurros.
Te encuentro.
Quiero empacharme de ti, que seas el agua que emana de mí, que seas cada lágrima que mis ojos desprenden cada vez que el frío provoca tu ausencia, quiero que seas el horizonte de cada uno de mis amaneceres, que seas las sabanas que arropan mi cuerpo, que seas la sonrisa de todos mis acordes, que seas los labios que ahuyenten a la sequía, quiero que seas mi veleta cada mañana.
Pienso. Rectifico, Te Pienso.
Los días llegan, y así es como me doy cuenta de que cuando algo quieres, lo consigues, todo está en ti, y en confiar en la otra persona, todo está en quererte como yo lo hago.
A veces, vemos que ciertas cosas son imposibles, que nunca llegarás a alcanzarlas, pero primero hay que proponérselo, y tener fuerzas para no desistir, tener fuerzas para querer conseguir lo que te despierta cada mañana.
Y así es, nunca perdí la mas mínima esperanza, a pesar de ver como corrían frente a mí las agujas del reloj, al ver como pasaban los días, y la distancia seguía en pie, al ver que tu boca estaba lejos de la mía, al ver que mi piel te llamaba pero no te tenía, al ver… que te deseaba.
El tiempo se dilataba en mi mente, mi noción perdía la brújula que dejaste aquel día, pero el Sol siempre vuelve a salir, y siempre te ayuda a seguir. Rayos que sobre mi incidís, evaporar todo mi aroma porque él está dispuesto a darlo todo.
Es muy fácil decir a alguien esperar, es muy fácil prometer, pero no es tan fácil, saber que esa persona sigue ahí junto a ti en la distancia, no dejé de confiar, eso me ayudó.
Llegó el primer día.
Así es, tarde o temprano, cada uno esta donde le corresponde, yo en un abrir y cerrar de ojos, me encontraba a escasos metros de aquel hombre, ese hombre que me hacia presa cada noche, ese hombre que aturde a mi ser, ese hombre que siente mi deseo, que huele mi pasión, ese hombre que lucha contra la desesperanza, ese hombre que nunca se rindió, que nunca soltó mi mano.
Mis piernas temblaban, sabían que iban a tenerle cerca, mi barriga no podía digerir comida, mi boca estaba seca, mis nervios tenían miedo de mí. Las agujas pronto marcarían la hora, esa hora que tanto ansié.
Miles de imágenes difusas pasaban frente a mí de cómo sería exactamente ese momento en que me plantara frente a su cuerpo. Sentía una pizca de miedo, mi pasado siempre está presente, pero aún así, confiaba en él.
El momento se hizo de rogar, pero allí estaba, venía con paso decidido y firme, rostro tímido escondido tras unas gafas de sol oscuras, no podíamos evitar una sonrisa, no se podía evitar.
Mi mano se posó en su costado, y un par de besos en las mejillas tímidos y escondidos fueron el saludo, era él.
Continuará...
Meissa
jueves, 18 de marzo de 2010
La realidad que mis manos quieren tocar (III)
Otro día más ante mí. Suena mi móvil.
-¿Diga?, contesté.
-Buenos días, responde una voz al otro lado del teléfono.
Y antes de poder preguntar quien era, cortó. Una voz cálida, que ahuyentaba cualquier temor, una voz cercana, amigable, suave como mis sabanas, tan suave que me hizo dibujar en mi rostro una sonrisa.
Me di la vuelta y quise seguir recostada.
Todo fue en cuestión de segundos cuando de repente en mi cabeza comenzó a fabricar destellos de ideas y pensamientos y comienzo a soñar despierta:
No es tan fácil agarrar aquello que es imposible tocar, aquello que huye de la hipocresía y la sin razón.
Quiero día a día construir mi pequeña escalera, para poder alcanzarlo.
Intento subir los peldaños, mis manos se agarran seguras, mis pies firmes, mi mirada alzada hacia lo más alto.
Quiero llegar, y acariciar la dulzura del verbo saciar, quiero romper los anhelos y bailar junto a la esperanza, soñar bajo la luz de la perversión.
Abrazar los susurros que desprenden tus labios, oír como tus besos llaman a mis caricias...Nademos en este mar de sensaciones.
Quiero refugiarme en tu madurez y a la vez quiero envolverte de juventud. Mi locura no tiene límites en tus tierras.
Está atardeciendo.
La noche se adentra, me tumbo en mi sofá pero de repente suena el timbre.
Es él.
Nuestros ojos hablaban por si solos, no pude mediar palabra.
Mi piel estaba tensa, yo quieta e inmóvil.
Unos segundos más tarde, sonreí, obtuve como respuesta una dulce sonrisa suya, alzó sus brazos hacia mí, me recorrió la cintura, me llevo hacia él, sentí el calor de su cuerpo, oía los latidos de su corazón, mis ojos cerrados, mi olfato desenfrenado, un completo caos.
Pero aun siendo un caos, sentía su deseo, abro los ojos, era tan real, que sentí su roce en mi, era tan real...
Eso es lo que necesito, darme un baño de realidad y despertar de un sueño compartiendo las mismas sábanas, dejando atrás una noche en la cual me corono reina de su colchón.
Continuará...
-¿Diga?, contesté.
-Buenos días, responde una voz al otro lado del teléfono.
Y antes de poder preguntar quien era, cortó. Una voz cálida, que ahuyentaba cualquier temor, una voz cercana, amigable, suave como mis sabanas, tan suave que me hizo dibujar en mi rostro una sonrisa.
Me di la vuelta y quise seguir recostada.
Todo fue en cuestión de segundos cuando de repente en mi cabeza comenzó a fabricar destellos de ideas y pensamientos y comienzo a soñar despierta:
No es tan fácil agarrar aquello que es imposible tocar, aquello que huye de la hipocresía y la sin razón.
Quiero día a día construir mi pequeña escalera, para poder alcanzarlo.
Intento subir los peldaños, mis manos se agarran seguras, mis pies firmes, mi mirada alzada hacia lo más alto.
Quiero llegar, y acariciar la dulzura del verbo saciar, quiero romper los anhelos y bailar junto a la esperanza, soñar bajo la luz de la perversión.
Abrazar los susurros que desprenden tus labios, oír como tus besos llaman a mis caricias...Nademos en este mar de sensaciones.
Quiero refugiarme en tu madurez y a la vez quiero envolverte de juventud. Mi locura no tiene límites en tus tierras.
Está atardeciendo.
La noche se adentra, me tumbo en mi sofá pero de repente suena el timbre.
Es él.
Nuestros ojos hablaban por si solos, no pude mediar palabra.
Mi piel estaba tensa, yo quieta e inmóvil.
Unos segundos más tarde, sonreí, obtuve como respuesta una dulce sonrisa suya, alzó sus brazos hacia mí, me recorrió la cintura, me llevo hacia él, sentí el calor de su cuerpo, oía los latidos de su corazón, mis ojos cerrados, mi olfato desenfrenado, un completo caos.
Pero aun siendo un caos, sentía su deseo, abro los ojos, era tan real, que sentí su roce en mi, era tan real...
Eso es lo que necesito, darme un baño de realidad y despertar de un sueño compartiendo las mismas sábanas, dejando atrás una noche en la cual me corono reina de su colchón.
Continuará...
Meissa
sábado, 13 de marzo de 2010
Perturbas hasta el flujo de mi sangre (II)
(Ella aún entre las sabanas, dejo el siguiente fragmento. Mis palabras son tus manos.)
...Mi alma sedienta de vida se dispone a estabilizarse, mis pies acarician ese frió suelo, un frescor inconfundible para mí.
Mi mano resbala por mi rostro, mis ojos aun no son conscientes de su función, mi cuerpo vagabundo, dejado llevar sin ganas y sin ánimos de seguir dando un paso más.
La persiana se esta elevando y mi habitación se ilumina de vida. Los rayos de la estrella más próxima a la Tierra se atreven a palpar mi tibia piel, los saludo y les muestro una leve sonrisa. Hay un espeso tráfico, personas por las aceras dispuestas a realizar sus quehaceres.
Mi mente sigue perdida.
Te encuentra.
Mis ojos se cierran e intentan encontrar caricias que nunca existieron y poder sentirlas, buscan la manera de tenerte presente aun sin estarlo.
Anhelo, extraño, quizás, necesito tu aroma, la fragancia perfecta que me incita a volar, que me incita a viajar contigo.
Quisiera ser un pájaro para extender mis alas, volar a donde estés y posarme en ti, poder ver el mundo desde otra perspectiva, yo, un pájaro feliz de haber aprendido a volar, y tu, ese árbol que da vida al mundo y con una sola de tus ramas dejas que haga mi nido en ti, y así, poder tener mi propio mundo. Sé mi árbol y yo seré un pajarillo te daré toda mi dulzura y ternura, solo tienes que dejarme.
Los días pasan como estrellas mueren cada noche en este cielo que hoy contemplo.
Ojala pudiera verte reflejado en esta luna, llena de vida, llena de luz que sacia mi visión.
Un viento del norte, fresco, invade mi piel, me acaricia.
Eres tú.
Siento como mi cuerpo responde ante ese estímulo, siento como la inercia hacia ti cada vez es más notable, siento como mis cinco sentidos te llaman en esta fría noche, como mi olfato huele tu fragancia, mi boca saborea el sabor de una noche pasada, mis oídos oyen tus susurros que enloquecen a mi tacto incontrolable en una noche que mis ojos desean no tener fin.
Reposo en mi cama, te pienso.
Continuará...
Mi mano resbala por mi rostro, mis ojos aun no son conscientes de su función, mi cuerpo vagabundo, dejado llevar sin ganas y sin ánimos de seguir dando un paso más.
La persiana se esta elevando y mi habitación se ilumina de vida. Los rayos de la estrella más próxima a la Tierra se atreven a palpar mi tibia piel, los saludo y les muestro una leve sonrisa. Hay un espeso tráfico, personas por las aceras dispuestas a realizar sus quehaceres.
Mi mente sigue perdida.
Te encuentra.
Mis ojos se cierran e intentan encontrar caricias que nunca existieron y poder sentirlas, buscan la manera de tenerte presente aun sin estarlo.
Anhelo, extraño, quizás, necesito tu aroma, la fragancia perfecta que me incita a volar, que me incita a viajar contigo.
Quisiera ser un pájaro para extender mis alas, volar a donde estés y posarme en ti, poder ver el mundo desde otra perspectiva, yo, un pájaro feliz de haber aprendido a volar, y tu, ese árbol que da vida al mundo y con una sola de tus ramas dejas que haga mi nido en ti, y así, poder tener mi propio mundo. Sé mi árbol y yo seré un pajarillo te daré toda mi dulzura y ternura, solo tienes que dejarme.
Los días pasan como estrellas mueren cada noche en este cielo que hoy contemplo.
Ojala pudiera verte reflejado en esta luna, llena de vida, llena de luz que sacia mi visión.
Un viento del norte, fresco, invade mi piel, me acaricia.
Eres tú.
Siento como mi cuerpo responde ante ese estímulo, siento como la inercia hacia ti cada vez es más notable, siento como mis cinco sentidos te llaman en esta fría noche, como mi olfato huele tu fragancia, mi boca saborea el sabor de una noche pasada, mis oídos oyen tus susurros que enloquecen a mi tacto incontrolable en una noche que mis ojos desean no tener fin.
Reposo en mi cama, te pienso.
Continuará...
Meissa
domingo, 28 de febrero de 2010
CAPÍTULO 1 (I)
(Un relato, un tanto especial, un tanto único, aquí va un primer fragmento)
Oscuridad.
Un leve amago por intentar entreabrir mis ojos, un intenso rayo llama a mi ventana, pero sin que nadie pueda darle permiso, se toma la osadía de colarse, llega hasta mis pupilas, las cuales se deleitan de su destello intenso e incansable, creo poder reconocer que es el amanecer, es mi amanecer.
Aquel rayo de luz que me despierta, que me da la vida para un día más, él es hoy mi despertador.
Mis pensamientos aturdidos, en un completo caos, de no saber si aquello aun es ficción o realidad, si es producto de mi subconsciente o no, si realmente estoy ahí.
La pereza se sumerge en cada milímetro de mi piel, un suave calor inunda cada uno de mis poros, siento un ligero placer e intento concebir de nuevo el sueño.
Mis ojos se cierran, mi mente descansa y mi subconsciente juega, juega a ser libre por momentos, juega a mostrarme que hay más allá de mí, juega conmigo…
El juego incluso a veces puede ser perverso y colarse en lo más profundo de ese pozo del cual no quiero extraer de él nada, juega con mis sentimientos, hace despertar los recuerdos que siempre quise lograr olvidar, me hace viajar en milésimas de segundos la vida que llevo recorrida, ese juego tiene mi vida en sus manos.
Me agobio, y mis ojos parpadean.
Vuelvo a ver el rayo más elevado incluso.
Continuará...
Oscuridad.
Un leve amago por intentar entreabrir mis ojos, un intenso rayo llama a mi ventana, pero sin que nadie pueda darle permiso, se toma la osadía de colarse, llega hasta mis pupilas, las cuales se deleitan de su destello intenso e incansable, creo poder reconocer que es el amanecer, es mi amanecer.
Aquel rayo de luz que me despierta, que me da la vida para un día más, él es hoy mi despertador.
Mis pensamientos aturdidos, en un completo caos, de no saber si aquello aun es ficción o realidad, si es producto de mi subconsciente o no, si realmente estoy ahí.
La pereza se sumerge en cada milímetro de mi piel, un suave calor inunda cada uno de mis poros, siento un ligero placer e intento concebir de nuevo el sueño.
Mis ojos se cierran, mi mente descansa y mi subconsciente juega, juega a ser libre por momentos, juega a mostrarme que hay más allá de mí, juega conmigo…
El juego incluso a veces puede ser perverso y colarse en lo más profundo de ese pozo del cual no quiero extraer de él nada, juega con mis sentimientos, hace despertar los recuerdos que siempre quise lograr olvidar, me hace viajar en milésimas de segundos la vida que llevo recorrida, ese juego tiene mi vida en sus manos.
Me agobio, y mis ojos parpadean.
Vuelvo a ver el rayo más elevado incluso.
Continuará...
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